#26 Vida

Solo y desesperado, subió hasta la azotea de su edificio. Abrió la puerta al final de las escaleras y la luz en sus ojos lo dejó momentáneamente ciego. Caminó hasta el borde mientras le regresaba la vista y se subió al muro que dividía el edificio con el vacío. Miró al horizonte. El color naranja del cielo lo conmovió. Pensó en la belleza poética de terminar su vida en un atardecer tan hermoso, similar al de Punta del Este con ella. Cerró los ojos y se dejó caer.

En ningún momento sintió miedo. A medida que su cuerpo se aceleraba a 9,8 metros por segundo cuadrado, tampoco recordó los mejores momentos de su vida o le pasó por delante. Escuchaba el viento, el tráfico, la bulla de la ciudad, su ropa, su respiración. Sí pensó que iba a ser más rápido. Sin embargo, la caída le pareció eterna. Pensó en lo irónico de utilizar la palabra eterna para describir sus últimos momentos de vida, pero así fue.

El golpe fue un dolor intenso, infinito, jamás imaginado en su vida. Mas duró sólo un instante. Como un rayo, terminó apenas comenzó. Un impulso seguido de una calma ilimitada. Dejó de sentir dolor, dejó de sentir cualquier cosa la verdad. Conoció la paz y la tranquilidad que en los últimos 18 meses no había experimentado. Estaba bien. Finalmente estaba bien.

No vio luz. No caminó hacia ningún túnel, ni flotó hacia los cielos. Pero ahí estaba, en la nada. Todo era oscuridad y todo era todo. Era parte de todo y de nada al mismo tiempo. Seguía siendo él, pero ahora era mucho más que eso también. Su identidad luchaba por permanecer. Con ella seguían los recuerdos, las historias, el engaño, la traición, la culpa. Pero lo que estaba envuelto en ese envase se hacía cada vez más débil. La calma y la paz se expandían con una armonía potente.

Entendió que aún se estaba aferrando. ¿A qué? ¿Qué estaba esperando? Era el momento de soltar y dejarse llevar. Dejar de ser. Pero una fuerza por dentro lo impedía, un motivo. No lo podía explicar pero una voluntad de existir se adueño de sí. A buena hora, pensó. Si es que se le podía llamar “pensar” a lo que sucedía. ¿Estaba pensando? Sin duda seguía siendo, a pesar de la nada. Y no estaba dispuesto a entregarse a la inexistencia todavía. Quería seguir… quería vivir. No lo podía creer. Quería vivir. La calma desapareció y dio espacio al arrepentimiento, a la tortura. Al dolor. Un dolor inimaginable.

Despertó en la clínica rodeado de médicos, enfermeras y jeringas. Una luz en el techo lo recibió de nuevo al mundo. Volteó a la ventanilla de la puerta. Con lágrimas y el maquillaje totalmente corrido, ahí estaba ella. Sonrió.

Anuncios

#25 Hacer

-¿está ocupado?

-Claro. No me gusta andar de pie frente a un baño sólo por diversión.

-Jaja. Es verdad, qué tonta mi pregunta.

-No te preocupes.

-…

-Oye, ¿ese es el nuevo libro de Sánchez Rugeles?

-Así es.

-¿y qué tal?

-Yo lo amo. A él. Y a todos sus libros. Tiene una manera de escribir que siento que me habla directamente a mí.

-Sí, es muy bueno.

-No lo sé. No se trata de que sea muy bueno o muy malo, se trata de conectar con lo que dice.

-Es verdad.

-…

-…

-…

-…

-Parece que quién está en el baño está complicado, ¿no?

-Bueno, para ser justos entró un minuto antes de que tú llegaras.

-Ah ok ok. Qué irreverencia la mía de juzgar sin saber.

-Jeje.

-…

-…

-…

-Odio las conversaciones mundanas y obligadas.

-Lo sé.

-…

-…

-Siento que es peor que el silencio. En cambio ahora hay una obligación de continuar lo que la otra persona dice, sin ningún propósito mas que el de evitar la incomodidad de estar en este pasillo y no decirnos una palabra.

-¿Prefieres que dejemos de hablar?

-Prefiero que hablemos de lo que es realmente importante.

-A ver.

-¿Cuándo fue la última vez que lloraste por alguien?

-Joder, esto se puso intenso de repente.

-¿Por qué no podemos hablar de eso?

-Porque no nos conocemos.

-¿Y eso qué tiene qué ver? ¿Desde cuándo es un requisito para conectar con alguien?

-Conectar.

-Sí, conectar. Lo que verdaderamente nos hace humanos. Lo que nos da propósito a nuestra existencia. Nadie viene a este mundo a estar por su cuenta y quién lo hace deja de estar vivo.

-Conectar… como Sánchez Rugeles…

-Exacto. ¿Me vas a contar?

-¿Qué cosa?

-La última vez que lloraste por alguien o tuviste una pelea desgarradora.

-No… pero debo decir que tienes unos ojos hermosos.

-Oh… ok.

-¿No esperabas ese comentario?

-Pues la verdad es que…

-Tú eres quien quería conectar, ¿no?

-…sí…

-Y tu sonrisa es encantadora.

-Gracias… oye estás muy cerca…

-Así es

-Me gusta… pero…

-¿Pero? ¿pero qué? ¿que somos dos personas que no se conocen esperando que alguien nos deje usar un baño en un café de Madrid y no tendría ningún sentido que nos empezáramos a besar?

-…e.x….ac..t…—

 

#24 Deshacer

-No vuelvas.

-¿Y por qué piensas que tengo gana alguna de volver?

-No lo sé, pero no vuelvas más. Agarra tus cosas y lárgate ¡para siempre!

-A eso vine, ¿no te acuerdas?

-¡Hazlo ya!

-Deja de gritarme.

-Vete.

-En eso estoy.

-¡Vete!

-Deja de gritarme, dije.

-Te odio, te odio, te odio, te odio.

-Debería odiarte yo.

-¡Ja!¿Haciendo chistes en estos últimos momentos?

-Siempre me dijiste que te hacía reír, ¿no?

-Vete.

-En serio te debería odiar yo.

-Ajá y por qué.

-Porque nunca te voy a olvidar.

-…

-Ni menos por lo que me hiciste.

-No te hice nada.

-Que sí.

-Que no.

-Que sí, coño.

-¿Qué?

-Me dejaste de amar.

-¿Puedes dejar de decir incoherencias?

-Es la verdad.

-La verdad es que te quiero fuera de aquí ya.

-Dejaste de ocuparte de mí para enfocarte en tí.

-Vete.

-Y no te culpo, tu carrera, tu trabajo, tu doctorado…

-Basta.

-Son demasiadas cosas para una persona. Una pareja deja de ser prioridad.

-Cállate.

-Sin embargo, no te odio. Debería, pero no soy una person–

-¡¡CÁLLATE!! ¡TUVISTE SEXO CON ALGUIEN MÁS Y AHORA TE LA DAS DE LA VÍCTIMA! NO TE QUIERO VER MÁS NUNCA EN MI VIDA, Y TE LO REPITO POR ÚLTIMA VEZ: VETEEEEEEEEE.

-…

-…

-…

-…

-Perdón.

-…

-Ya recogí todo…

-…

-Escucha… no sabía que… es decir, eso fue hace mucho y se supone que… no lo sé… nos habíamos separado y pensaba que no íbamos a volver…

-…ya está. Por favor, ya.

-Te quiero.

-…

-Bueno… hasta luego…

-¡Espera!

-¿Sí?

-Tu cepillo. Está en el baño.

-Ah… quédatelo.

-¿qué? ¿para qué? yo no lo voy a usar.

-Me da igual… bótalo.

-Ok.

-Hasta nunca.

-Chao.

#23 Los Dos Mundos

Santiago no sentía más la inspiración. Todos los días construía su rutina alrededor del tiempo frente al computador, obligándose al hábito de escribir. Pero no producía nada. Se perdía en pensamientos, fotos, el pasado. Pasaba dos horas sentado incapaz de escribir una letra.

Cortana había intentado quitarse la vida en dos ocasiones. Fracasó en ambas, en parte, porque sabía que no quería morir. Sólo quería cambiar de vida. No tenía la valentía para hacerlo, pero odiaba todos los aspectos alrededor de su entorno. Su padre, su cuarto, su escuela, su ropa.

Santiago, después de dos insufribles semanas, alternó su rutina. Esta vez iba a salir a hacer diligencias en las mañanas, y sentarse a escribir en las tardes. Le costaba trabajo recordar sus horas más productivas, pero sin duda alguna lo que estaba haciendo no estaba funcionando.

Cortana empacó los tres libros que le había regalado su tío, dos camisas, un pantalón y el bloc de notas que utilizaba para dibujar. Encontró en las ilustraciones un escape perfecto a la realidad que le había tocado. Sin embargo, ese día había decidido huir de verdad. Abrió la puerta y caminó hacia el ascensor. Su padre ni siquiera le preguntó a dónde iba. Esto reforzó aún más su decisión. Caminó sin mirar atrás.

Santiago compró el pasaje, hizo el check-in y fue directo a la puerta de embarque. Si no podría escribir en su casa, lo iba a hacer en el lugar más desconocido que podía pensar. Sin embargo, aún quedaban 3 horas y media para que llamarán a abordar. Sacó su laptop. Abrió su historia sin terminar y la volvió a leer. Se había encariñado con el protagonista. Le recordaba a él mismo, de joven, con sus inseguridades y rebeldías que lo definían, antes de aceptarse. Antes del éxito.

Cortana compró una cerveza y unos Doritos, encontró un banco en la plaza y sacó su bloc de papel. Comenzó a dibujar una página nueva sin saber exactamente qué iba a surgir de allí. Al realizar los trazos por la hoja se dejaba sorprender y descubría poco a poco su ilustración. Las alas fue lo primero que reconoció, con las turbinas, las ventanas y las ruedas apareciendo suavemente. Visualizó el aeropuerto.

Santiago no quería dejar sin incompleto a su personaje. Después de llegar hasta el final de lo que había escrito, sintió que nunca la había leído realmente como lo acababa de hacer. Se conectó con su adolescente que se había escapado de casa y que le esperaba un camino lleno de incertidumbre. Quería decirle que todo iba a estar bien. Que confiara en si mismo. Empezó a escribir.

Cortana finalizó de dibujar las sombras de las sillas en la sala de embarque. Aviones comerciales de fondo, un gran vitral que permite ver la pista, el mostrador de la puerta B-52 vacío, una señora quasi dormida, dos amigos compartiendo una taza de café y un señor en su laptop. Le llamó la atención este último, por la expresión que terminó develando su cara. Se notaba apasionado enfocado en su computadora, con un asomo de sonrisa en el rostro y unos ojos intensos con una tierna mirada. Lo hizo a él sonreír.

Levantó la cabeza y observó a su alrededor, paseando la mirada paulatinamente por los objetos y desconocidos que desvariaban en el lugar. Sintió el Sol. Cerró los ojos. Respiró fuerte. Sonriendo, Santiago Cortana encontró inspiración en su paz, y paz en su inspiración.

 

#22 Biglio

El profesor más tierno que Amaranta había visto en la universidad. Bajito, sonriente y siempre echando chistes, Biglio era como un osito que todo el mundo quería. Sus clases de Cálculo Avanzado eran muy fáciles de entender, inclusive apasionantes. Los cupos había que reservarlos con anticipación porque cada vez que se abría un curso nuevo, enseguida se agotaban.

En una de sus clases, Amaranta sintió un chico de ojos azules que la miraba fijamente. De esas sensaciones que no se ven pero se sienten. Volteó a mirarlo pero el chico tenía sus ojos fijos en la pizarra, siguiendo el trazo de la tiza de Biglio en una nueva ecuación diferencial. Sospechó que al chico podía gustarle ella, y se encontró preguntándose si a ella le gustaba él. A pesar de estar en una clase universitaria avanzada, no pudo evitar sentirse como una niña de colegio nuevamente. Sonrió.

Amaranta y el chico salieron a lo largo de todo el curso trimestral. Estudiaban juntos, comían juntos y dormían juntos. Se encontraron uno al otro. Amaban ir a las clases de Biglio, inclusive compartían con él en almuerzos y tardes fuera de clase. La sensación paternal de Biglio les daba un buen feeling.

El último examen llegó más rápido de lo que pensaban. El tiempo pasa volando cuando uno es feliz. Amaranta era una estudiante muy aplicada y tenía mejores notas que el chico. Su chico. Eso no quiere decir que no estaba nerviosa y llena de ansiedad, como siempre se ponía antes de cualquier examen. Quizás por eso no lograba entender la redacción de la segunda pregunta, que decidió dejar para el final. Si algo había aprendido después de todos estos años, es que se debe comenzar por lo que se sabe primero, lo que no se sabe se deja para luego.

“No entiendo, no entiendo” – pensaba. “¿Cómo qué las condiciones de contorno que han de satisfacer los extremos de la ecuación Euler-Lagrange?”. Algo no le cuadraba y el tiempo no le alcanzaba. Alzó la mirada y Biglio, el profesor, estaba sentado en su escritorio de manera simpática. Se veía simpático. Una aclaratoria era necesaria. Se levantó de su asiento con cautela y preocupación, acercándose lo suficiente a Biglio para preguntar sin que los demás estudiantes escucharan. Inquirió a qué se refería la pregunta con las condiciones de contorno. Biglio aclaró la duda rápidamente y con una pedagogía envidiable. Al fin Amaranta pudo comprender qué demonios decía la pregunta y entendió lo que necesitaba hacer. Estaba por agradecer la ayuda y volver a su puesto cuando escuchó:

– Aunque los mejores contornos los tienes tú, con esas licras pegaditas.

Quedó paralizada.

Comenzó a caminar.

Su cabeza no procesaba lo que acababa de pasar. Aquella frase acababa de salir de la boca del profesor. De Biglio. “no, no, esto lo imaginé yo”- se intentó convencer. Con cada paso que daba se cuestionaba. ¿Por qué le diría semejante asquerosidad en aquél momento?, se sintió desnuda, sin ropa, sin poder. Una mezcla de abuso pero también decepción. ¿El profesor más simpático, más inteligente y más talentoso es un pervertido? Le llegó a su mente la imagen de sus padres diciéndole que San Nicolás no existía. Por alguna razón se relacionaba con esto, pero peor. Mucho peor.

El chico de ojos azules notó la peculiar caminata de Amaranta, con un rostro pálido y como si recién hubiese visto un fantasma. Ella seguía en estado de shock. Logró sentarse, pero su cabeza estallaba de repulsión y tristeza. Quería estallar en llanto de la impotencia. Entendió que el maldito ese aprovechó un momento donde absolutamente más nadie podía escuchar lo que decía. A cuántas más les habrá hecho lo mismo. La indecencia se quedaba escasa. Sus palabras resonaban en toda su cavidad craneal. Dolían como espinas. La desarmó por completo.

– Listo chicos, entreguen ya.

Amaranta no discutió nunca lo que le sucedió con nadie. Ni con su mamá, ni con sus amigas, ni con el chico de ojos azules. Por un tiempo se culpó a si misma por vestirse de manera deportiva, por querer ser coqueta de vez en cuando, por el sólo hecho de sonreír. Eventualmente dejó de cuestionarse, aceptando que el monstruo era él. Con su imagen de querido. Logró continuar el curso pero la herida seguía ahí muy adentro. La apagó. La guardó. La ignoró.

Pero la marcó.

#21 La intersección de las paralelas

Ella es de Cali, capital del departamento de Valle del Cauca y la tercera ciudad más poblada de Colombia. Al ritmo de la Salsa y del Rock, la ciudad fluye con la música como las aguas de su río Cauca. Llena de deseos, maravillas y problemas, quien crece y sale de ahí tiene un cierto aura que le permite ver la vida a punta de sabor.

Él nació en Caracas, otrora capital ejemplar de Latinoamérica que fue desgastándose con la política y el dinero. Las adversidades minaron el estilo de vida y quien sale de Venezuela siente que no hay problema suficientemente grande como para no ser superado.

A ella le cambió la vida una película y una obra de teatro. Le dio propósito. Decidió ser actriz y una vez que toma una decisión, se casa con ella. Se fue a la capital, encontró trabajo, pasión, arte y vida. Encontró una fuerza que no sabía que tenía para seguir adelante y lograr sus sueños. Y los logró. Muy rápidamente.

Cuando él empezó a estudiar ingeniería, no estaba seguro por qué. Pero era muy inteligente. Logró sacar no uno sino dos títulos de ingeniería y los guardó en la gaveta. Era muy curioso también, quería conocer de todas las disciplinas y áreas en los que podía destacarse. Su maldición es que podía destacarse en lo que quisiera. Pasó del marketing a la tecnología, de creativo a gerente, de la música a la radio. Todo le fascinaba.

Dos vidas completamente separadas, sin ninguna intersección. En múltiples universos, es probable que eso hubiera quedado ahí. Sus destinos jamás ligados, sus miradas nunca cruzadas y sus labios jamás tocados.

Pero en esta historia él y ella se conocieron en unas clases de teatro. No fue amor a primera vista; fue amor. Se entregaron y se dejaron llevar en el poco tiempo que durara el curso. Se conocieron y se enamoraron. Ambos agradecían lo felices que estaban en ese momento y lo aprovechaban al máximo. Vivieron un sueño hecho realidad. Hasta que el curso finalizó.

Él tuvo que volver a su país. Ella a su vida. Se despidieron con lágrimas a destiempo, cerraron ese capítulo y las líneas se separaron nuevamente. Un encuentro mágico, duradero en el tiempo, fugaz en relativo.

Ella se dedicó a si misma, a enfocarse en sus proyectos, en su carrera y en encontrar una paz y tranquilidad que no conocía antes. Él decidió emigrar y perseguir un sueño, enfocarse en algo y explotarlo al máximo.

Ellos, cada quien por su cuenta, se volvieron indetenibles.

Imagínense si sus destinos se volvieran a intersectar.

#20 Contradictorio

Lilian:

Mira, ¿y si vamos este fin de semana a Cumaná? Isabel tiene la casa de los papás allá.

Santiago:

¿De verdad? ¿Este fin de semana con Isabel?

Lilian:

Obvio, es la casa de sus papás.

Santiago:

No me refiero a eso. Hablo de ella.

Lilian:

Santi, compórtate. Es una de mis mejores amigas.

Santiago:

Típico de Isabel querer ir a la playa en estos momentos. Sifrinita que no le importa su país.

Lilian:

Santi… dije que te comportaras. ¿Qué tiene de malo ir a la playa?

Santiago:

¡Coño Lilian! ¿No ves que están matando carajitos todos los días en la calle? Sin contar lo que la gente está pasando en los hospitales, los barrios. ¿No te parece en lo más mínimo egoísta? ¡No entiendes nada!

Lilian:

Mira… yo creo que el que no entiende nada eres tú, ¿oíste?

Santiago:

Claro… yo soy el loco. Por luchar.

Lilian: 

Respóndeme algo: ¿qué estamos haciendo ahora?

Santiago:

Ay Lilian deja la estupidez.

Lilian:

Dime, ¿qué actividad estamos haciendo en este preciso instante?

Santiago:

Almorzando.

Lilian:

¿Dónde?

Santiago:

Ya pues, ya entendí tu punto.

Lilian:

No, Santi, no entiendes un coño. Estamos almorzando en la casa de mi padre. ¿Te acuerdas de mi padre, el militar? ¿El que sirvió por muchos años al gobierno que odias? ¿Que hoy en día está perseguido y exiliado?

Santiago:

Dije que ya entendí.

Lilian:

¡No has entendido una mierda! La vida no es blanco o negro, las situaciones no son sencillas sino complejas. Yo también lucho, también quiero que las cosas cambien, que el país sea distinto. Pero eso no quiere decir que voy a formar una guerrilla y vivir en El Llano, porque eso es lo que dices que sueñas con hacer. Como si esa fuera la única forma. No. Yo lucho con mi trabajo, alzando la voz y apoyando, pero también necesito vivir. Todos necesitamos vivir, seguir viviendo. El espíritu lo necesita. Llevamos 20 años en esto, imagínate si en estos 20 años nunca haya ido al cine, o al teatro, o sencillamente almorzado porque era, entre comillas, contradictorio.

Santiago:

Lilian:

Santiago:

¿Nos iríamos el viernes? O el sábado temprano.